Los zapatos como tópico utilizado por la ficción

Aunque en el título hablo de ficción, creo que lo más oportuno es empezar esta actualización desde la realidad o, por los menos, por la realidad mediática. Y es que hasta no hace mucho, un par de zapatos de la talla 44 se convirtieron en protagonistas de noticias, tertulias, columnas de opinión y parodias en programas de humor. El calzado en cuestión fue lanzado al por entonces todavía presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, por un periodista Iraquí durante una rueda de prensa. Como en un auto automático, a continuación cientos de personas se concentraron y colocaron sus zapatos encima de fotos del expresidente.

Pero Muntazer Al Zaidi, el periodista en cuestión, no se sacó el gesto de la manga. Como dijeron todos los medios en su momento, el hecho de lanzar los zapatos de uno a la cabeza de otra persona es una expresión de desprecio en el mundo árabe. De hecho, numerosas comunidades, desde hace miles de años hasta la actualidad, se han tomado muy seriamente este objeto. Después de todo, no hay que olvidar que se trata del elemento que cubre y resguarda los pies.

En según qué país frío, robarle el calzado a un hombre era un delito penado con la muerte. Del mismo modo que durante la campaña de los nominados a la presidencia de los estados unidos aparecían en Google poco menos que un millón de artículos cuyos autores se habían interesado por los zapatos de Sarah Palin.

zapatos

Una interpretación freudiana del asunto nos dice que en la mujer los zapatos puntiagudos representan un modo de “vencer la angustia de la castración”. Quizás no hace falta partir del significado que le otorga Freud, pero la verdad es que no estamos hablando de cualquier cosa. La ficción en occidente ha dado constancia de ello en innumerables ocasiones, y sigue disponiendo de lo significativo del calzado más o menos subrepticiamente.

Quizás el ejemplo más explícito y al mismo tiempo más popularizado (revisado, refrito, versionado) sea el cuento de Cenicienta y sus zapatos de cristal (o de oro, según la versión de los Grimm). Cabe recordar que de todo el seguimiento y la parafernalia que acompañaban a Cenicienta en sus escapadas al baile, tan sólo los zapatos seguían siéndolo después de medianoche.

En este cuento para nada “romántico” (lo que triunfa, lo importante, no es el amor sino la ascensión sociLos zapatos de Dorothyal), además, se reflejan ciertos cánones de belleza femenina, cuando se comparan y premian las reducidas medidas de los pies de Cenicienta en relación con los de sus hermanastras.

Otro de los ejemplos más reconocibles lo encontramos en la historia de El Mago de Oz. La protagonista, Dorothy, finalmente, no volvería a su Kansas natal sin la ayuda de un par de zapatos plateados (o de rubíes rojos, según la versión  Hollywoodiense). Curiosamente, tanto Cenicienta como Dorothy eran niñas presentadas como indefensas frente a las adversidades de su entorno. Hasta que se encuentran con sus respectivos zapatos, hecho que les cambia la vida.

Tacones LejanosPor otro lado, al igual que los pies, los zapatos son un elemento muy favorable a los fetichismos. A mi parecer tenemos aquí un ejemplo muy claro con Almodóvar. Toda chica Almodóvar que se precie no es chica Almodóvar sin un buen par de zapatos de tacón altísimo.

Podría decirse que, en la mayoría de los casos, los zapatos son vistos en la ficción con un fuerte componente de poder, o incluso de dominación. El calzado de un personaje actúa como un elemento identificativo de su poder-clase, de su carácter y/o de sus intenciones, llegando, en ocasiones, a la metonimia de la parte por el todo. Es el caso de los zapatos de bailarina.

J.R.R Tolkien nos proporciona una justificación de este argumento mediante el uso del contrario: por todos es conocido el carácter afable, tranquilo, humilde, feliz y despreocupado de los Hobbits, unos seres que andan descalzos por su querida comarca.

Parece ser que nuestra fijación por los zapatos no ha encontrado su fin. Y, sino, ¿qué haría Carrie Bradshaw sin sus Manolo Blahnik y otros cientos de zapatos de más cientos de dólares? ¿Qué otro elemento sería capaz de mostrar la vanidad, la obsesión inútil y la idolatría a la marca y la moda (y la identificación con los valores de su imagen) de la protagonista de Sexo en Nueva York?

->”Por favor, señor. Son mi par favorito. Las consegui a mitad de precio en un muestrario…”

->”La verdad es que a veces es dificil meterse en la piel de una mujer soltera. Por eso las solteras necesitamos zapatos de piel muy especiales para hacer la vida más divertida.”

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