Harold Bloom

El pasado miércoles el profesor Jose María Perceval, entre una docena de tipos de definición del amplio término que es “cultura”, introdujo la idea de la “cultura como distinción”. Del mismo modo que se construye la cultura se van señalando los distinguidos de esa cultura; la inclusión, ya sabemos, va acompañada siempre de la exclusión.

Esta afirmación es idónea para introducir al protagonista de mi actualización de esta semana. Nosotros, los individuos de mi generación, lo tenemos presente sobre todo por la polémica que se originó a partir de sus comentarios sobre los libros de Harry Potter. Harold Bloom, crítico cultural (preferentemente literario), escribió un artículo a finales del 2000 en el Wall Street Journal titulado Can 35 Million Book Buyers Be Wrong? Yes.

Con semejante tarjeta de presentación (en lo que a visión de una determinada cultura se refiere) tomamos, pues, los de mi generación, al hombre que publicó El Canon Occidental. Volviendo al tema de la última clase, creo que no existe un ejemplo más claro de distinción en la cultura que escribir un libro catalogando los 26 autores imprescindibles en tanto que seguidores de una regla ideal del mundo occidental (canon). No en vano, el canon de Bloom ha sido identificado por varios autores como el del grupo de los “hombres blancos muertos”.

¿Y por qué escoger, entre comunicadores de la talla de Marcel Reich-Ranicky o la mismísima Oprah Winfrey, a un manifiesto crítico del marxismo y el feminismo (entre otras tendencias aceptables y/o bien consideradas en la sociedad occidental actual)? Teniendo en cuenta que la controversia parece ser un lugar común entre los comunicadores culturales del panorama observado en clase, Harold Bloom resulta interesante, además, por sus ideas sobre la concepción del genio.

El individuo como isla, la crítica a la vinculación continua del genio con el contexto social, la idea de “la ansiedad de la influencia”…No puedo evitar ver en todo esto un cierto reflejo de la visión pesimista de la definición individualista de cultura que describió Perceval. En efecto, parece que no anda muy lejos del relato de Semelweis, el genio incomprendido por una sociedad que no le merece. Quizás también andaría cercana a la definición elitista…

En todo caso, si esta breve pincelada de Bloom no acaba de dejar claro el mundo de las ideas del crítico estadounidense, siempre podemos optar por escuchar las palabras de uno de tantos personajes made in youtube. Se agradecen las molestias que este chico tan dado a la parodia (se puede comprobar fácilmente ojeando su videoblog) se ha tomado para dárnoslo a conocer. Otro caso, todo hay que decirlo, de polémica. ¿Será que el crítico no se quita el sombrero de crítica ni para dormir?

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